Míos...


Aunque me gusta mucho ver la vida desde arriba, también me gusta verla al mismo nivel que los demás, tal y como es. Además, José Hilario necesita hacer un poco de ejercicio; es como si las orejas le pesaran todo el tiempo, y de la depresión no pudiera caminar. Por eso es que está tan gordo. De todos modos, creo que es bueno bajar de vez en cuando a untarse de la energía que tiene la gente.
Fue en una de esas noches que conocí a Tomás. Estaba caminando con José Hilario por la calle, viendo gente y tomándonos uno que otro trago. Decidimos ir a la playa a jugar un rato y a descansar, porque es que ese perro sí que es perezoso. En esas se me acercó un hombre. El pobre José Hilario que es todo nervioso y depresivo se metió qué susto y se escondió detrás de mí (ni siquiera es capaz de ladrar porque no le gusta). El man se me paró al lado y me empezó a hablar así, sin más, como si nos conociéramos de antes. Era blanco, de ojos oscuros, barba y pelo negro corto. Apenas lo vi me encantó. Tenía un cigarrillo en una mano y dos botellas de cerveza en la otra. Se sentó a mi lado y hablamos el resto de la noche. Me dijo que vivía muy cerca de mí, que siempre me veía y que cuando me vio caminando sola decidió ir a conocerme.
Estábamos hablando de que los dos somos fotógrafos y nos gusta el color negro, cuando empezó a salir el sol. Eran cerca de las 7:30 am. El pobre José Hilario temblaba de frío, dormido en mi regazo. Así que decidí invitar a mi nuevo y perfectamente coqueto amigo a tomar un café y comer huevos en mi casa. Después de desayunar, nos fumamos un par de cigarrillos y nos fuimos a mi cuarto. Allí pude conocer por dentro a este magnético hombre que lo único que despertó en mí ese día fue un placer inimaginable.
Era sábado, así que podíamos no hacer nada y dormimos el resto del día. Nos levantamos hacia las cinco de la tarde, comimos pizza y tomamos vino, quedamos de vernos de nuevo y nos despedimos. Fue así como conocí a mi sensual, inteligente y muy ardiente novio.
Con Tomás llevo como dos años y medio; la verdad no lo tenemos muy presente porque no nos importan mucho esas fechas, sólo nos gusta celebrar de vez en cuando que estamos juntos, que nos amamos y nos deseamos. Lo que más me gusta de él es que hace el amor muy rico, como si supiera qué es lo que quiero y disfruto exactamente cuando estamos en la cama; es candela, una fiera, me hace llegar a instancias que jamás hubiera imaginado... Me entiende y conoce a la perfección; logra sacar de mí ese lado erótico, exótico, ardiente, morboso y sensual que llevo adentro. Todo con Tomás es intenso, acelerado. Mi corazón late como loco cada vez que estamos juntos. Con él vivo la vida al máximo. Me excita
Claro que también está Gerónimo... a él lo conozco hace menos, pero también lo quiero. Llevamos más o menos seis o siente meses. Este hombre es todo lo que necesito para estar tranquila. Es calmado, inteligente, cariñoso, feliz... Es el complemento para la locura que vivo con Tomás. Es que como que estuve viviendo tanto tiempo tan intensamente, que sentí que necesitaba a alguien para compartir algunos momentos de paz y tranquilidad.
Lo conocí en un bar. Esa noche había peleado con Tomás. Decidí ir sola a caminar y me metí a escuchar un poco de reggae. Estaba tocando la guitarra cuando entré. Me senté en una de las mesas del frente y pedí una cerveza. Tenía una voz tan melodiosa y relajante que me dejé llevar por su música, por el azul de sus ojos, por su barba y pelo castaño emarañados. Una cerveza tras otra. El tiempo pasó y el hombre por fin bajó del escenario. Estaba guardando sus cosas y decidí acercármele. Le hablé. Me dijo que se llamaba Gerónimo, que era músico y que le gustaba el color blanco. Fue muy simpático, y aparentemente no tenía nada más que hacer porque me dijo que nos sentáramos en una mesa y hablamos el resto de la noche. Cuando ya era tarde y nos echaron del bar, nos fuimos a caminar por la playa a ver el amanecer. Nos reímos mucho. Intercambiamos números. Cuando ya salió el sol, cogió su guitarra y me acompañó hasta mi casa. Se despidió con un beso en la mejilla. Ése es Gerónimo en todo su esplendor: lindo, tierno, sensual. Se ha ganado mi corazón. Creo que con estos dos he conseguido el equilibrio perfecto.
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