Bah...

Me gustaba más Pía antes de la pelea que tuvimos ese día. Desde entonces la dejé de ver por algún tiempo. Le he dicho mil veces que termine con Gerónimo, pero no quiere. Ese día estábamos tirando delicioso, pero me tenía cansado del tema, porque no le importa hablar conmigo de él todo lo que se le da la gana. Me preocupa, porque eso quiere decir que se está enamorando de verdad, y ella, por más novios o mozos que tenga, al único que puede amar, es a mí. No entiendo por qué tanta lloradera porque le digo que se calle, que me estresa, que no me gusta que ame a otro, que le dije que no se metiera con él porque iba a terminar en otro cuento, que no me hizo caso y que ahora viera las consecuencias. Aparte el condenado de José Hilario lo único que hace, apenas nos ve pelear, es aullarme (porque ni siquiera ladra el muy tarado) y morderme. Me voy desesperando hasta perder el control. Me tocó callarlos a la fuerza porque si no iban a terminar por enloquecerme entre los dos.

En medio de la discusión, llegó el imbécil este y tuve que esconderme. Lo único que hacía era preguntarle cosas: que quién había hecho todo ese desorden, que por qué lloraba, que por qué estaba herida; la abrazaba y besaba mientras ella sollozaba desconsolada (qué tal la cínica esta); la ira me invadió y salí de mi escondite, sin importarme que el tipo me viera. Tenía tanta rabia que la agarré a golpes, por cínica, por perra, por creer que podía jugar conmigo. Cuando quedó inconsciente, simplemente salí sin que me vieran, aprovechando la confusión y el alboroto del otro. Esa fue la última vez que la vi. Ya no la quiero tanto, pero me hace como falta de todos modos...
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