Nunca se me va a olvidar el día en que conocí a Tomás. El man se me paró al lado y me empezó a hablar así, sin más, como si nos conociéramos de antes.
-Hola.-Se limitó a decir.
-Hola...
-¿Qué más?
-Bien, bien, ¿y vos?
-Bien... Soy Tomás.-Me dijo extendiéndome la mano.
-Mucho gusto. Pía.
Era blanco, de ojos oscuros, barba y pelo negro corto. Apenas lo vi me encantó. Tenía un cigarrillo en una mano y dos botellas de cerveza en la otra. Se sentó a mi lado y hablamos el resto de la noche...
-¿Querés cerveza?
-Vale, gracias.
-¿Qué hacés sola por acá a esta hora?
-No pues estaba sacando a mi perro a caminar.-Me corrí un poco para que viera a José Hilario.
-¡Uy, está genial! Tiene como cara de depresión...
-Sí, es súper tierno. Se llama José Hilario. A veces pienso que se quiere suicidar.-Sonreí.- ¿Dónde vivís?
-Muy cerca de tu casa. Hasta puedo verte salir y todo.
-¿Cómo así?, ¿Ya me habías visto?
-Sí, claro. Desde hace rato te quería conocer. Me llamabas mucho la atención.
-Mmm... Vea pues. ¿Y hoy me viste afuera y saliste corriendo a buscarme o qué?- Pregunté como burlándome.
-No, tampoco. Hoy estaba en un bar con unos amigos y pues te vi pasar sola y sentarte acá, entonces pues pedí dos cervecitas y quise invitarte a un trago.
-Gracias.
-Todo bien.
-Bueno, contame de vos... ¿qué hacés por tu vida, con quién vivís, qué te gusta, sos soltero, casado, separado...?
-¡Jajaja! Bueno, esas son varias preguntas... Primero, qué hago por mi vida: soy fotógrafo. Segundo, vivo solo. Tercero, me gusta tomar fotos, el color negro, fumarme un tinto o un trago. Y cuarto, soy soltero.
-¡Qué coincidencia! Yo también soy fotógrafa, vivo sola, me gusta el color negro y todo lo demás. Nunca había conocido a alguien tan parecido a mí.
-Creo que nos vamos a llevar bien... ¿Querés un cigarro?
-Vale, gracias.
Hubo silencio. Pero no uno incómodo, por el contrario, era algo placentero; como que ninguno de los dos se afanaba por dejar fluir la conversación porque las palabras simplemente salían. Nos limitamos a fumar y a disfrutar del cielo...
-¿Qué haces además de tomar fotos?
-Canto. Me gusta mucho cantar. Y escribir... Y no hacer nada. Me gusta sentir que todo es tranquilo, perfecto. En esos momentos la vida parece más sencilla. Eso me gusta.
-Sos bastante optimista, ¿no?
-Bastante. A veces me dicen que vivo montada en una nube. Jaja.
-Jaja. Eso veo. Eso es bueno hasta cierto punto.
-¿Por qué lo decís?
-Porque vivir en otro mundo te hace olvidar del real. La realidad es más difícil. No todo es perfecto.
-Sí, pero mientras pueda creo que preferiré vivir en el mío. El de afuera es muy cruel.
-Sí, pero esa crueldad nos hace más fuertes, ¿sabés?
-Siempre llego a la misma discusión con todo el mundo. Ya son las 7:30, José Hilario tiene frío. ¿Querés ir a mi casa?
-Listo. ¿Otro cigarro?
-Bueno.
En mi casa comimos huevos y tomamos café. Nos fumamos otro par de cigarrillos, mientras hablábamos en el balcón...
-¿Y qué vas a hacer ahora?
-Pues será irme a mi casa a descansar...
-Mmm... ¿Querés quedarte a dormir un rato?
-Suena bien... Bueno.
-Vamos a mi cuarto entonces.
-Dame un beso.
-Cogeme una nalga.
-Quitame la camisa.
-Quitame vos la falda.
-Arrancame el pelo.
-Oleme la piel.
-Respirame.
-Comeme.
Así transcurrió el resto de la mañana y parte la tarde. Pude conocer por dentro a ese magnético hombre que lo único que despertó en mí ese día fue un placer inimaginable.
Era sábado, así que podíamos no hacer nada y dormimos el resto del día. Nos levantamos hacia las cinco de la tarde, comimos pizza y tomamos vino.
-Estuvo bueno, ¿no?
-Estás bueno. ¿Querés pizza?
-Bueno, gracias.
-¿Y ahora que vas a hacer?
-Ahora sí me voy a mi casa. Necesito cambiarme para salir más tarde. Gracias por la comida. ¿Nos vemos otro día?
-De nada. Obvio, nos vemos otro día... Que te vaya bien.
-Vale, gracias. Chao.
Cerré la puerta. Y fue así como conocí a mi sensual, inteligente y muy ardiente novio.