Color de la Historia




Todo lo que gira en torno a Pía es alegre, tranquilo, cálido. Su historia, su vida está ambientada por el rosado de las tardes playeras del Calitrópico; está teniñda por tenues filtros morado, magenta, rosado, naranja, amarillo... colores mágicos que alegran sus días.


 

Aun así, sus días tristes están acompañados por el azul de las olas, el gris de las nubes en tormenta, y el frío blanco que congela todo a su paso. En sus momentos de crisis, el ambiente se torna oscuro, ruidoso y pesado; para los demás, todo es de colores oscuros e intensos, mientras que para Pía todo se convierte en una película muda a blanco y negro, con tintes de color rojo.
  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Diálogo: ¿Cómo conocí a Tomás?


Nunca se me va a olvidar el día en que conocí a Tomás. El man se me paró al lado y me empezó a hablar así, sin más, como si nos conociéramos de antes.


-Hola.-Se limitó a decir.
-Hola...
-¿Qué más?
-Bien, bien, ¿y vos?
-Bien... Soy Tomás.-Me dijo extendiéndome la mano.
-Mucho gusto. Pía.
Era blanco, de ojos oscuros, barba y pelo negro corto. Apenas lo vi me encantó. Tenía un cigarrillo en una mano y dos botellas de cerveza en la otra. Se sentó a mi lado y hablamos el resto de la noche...
-¿Querés cerveza?
-Vale, gracias.
-¿Qué hacés sola por acá a esta hora?
-No pues estaba sacando a mi perro a caminar.-Me corrí un poco para que viera a José Hilario.
-¡Uy, está genial! Tiene como cara de depresión...
-Sí, es súper tierno. Se llama José Hilario. A veces pienso que se quiere suicidar.-Sonreí.- ¿Dónde vivís?
-Muy cerca de tu casa. Hasta puedo verte salir y todo.
-¿Cómo así?, ¿Ya me habías visto?
-Sí, claro. Desde hace rato te quería conocer. Me llamabas mucho la atención.
-Mmm... Vea pues. ¿Y hoy me viste afuera y saliste corriendo a buscarme o qué?- Pregunté como burlándome.
-No, tampoco. Hoy estaba en un bar con unos amigos y pues te vi pasar sola y sentarte acá, entonces pues pedí dos cervecitas y quise invitarte a un trago.
-Gracias.
-Todo bien.
-Bueno, contame de vos... ¿qué hacés por tu vida, con quién vivís, qué te gusta, sos soltero, casado, separado...?
-¡Jajaja! Bueno, esas son varias preguntas... Primero, qué hago por mi vida: soy fotógrafo. Segundo, vivo solo. Tercero, me gusta tomar fotos, el color negro, fumarme un tinto o un trago. Y cuarto, soy soltero.
-¡Qué coincidencia! Yo también soy fotógrafa, vivo sola, me gusta el color negro y todo lo demás. Nunca había conocido a alguien tan parecido a mí.
-Creo que nos vamos a llevar bien... ¿Querés un cigarro?
-Vale, gracias.

Hubo silencio. Pero no uno incómodo, por el contrario, era algo placentero; como que ninguno de los dos se afanaba por dejar fluir la conversación porque las palabras simplemente salían. Nos limitamos a fumar y a disfrutar del cielo...

-¿Qué haces además de tomar fotos?
-Canto. Me gusta mucho cantar. Y escribir... Y no hacer nada. Me gusta sentir que todo es tranquilo, perfecto. En esos momentos la vida parece más sencilla. Eso me gusta.
-Sos bastante optimista, ¿no?
-Bastante. A veces me dicen que vivo montada en una nube. Jaja.
-Jaja. Eso veo. Eso es bueno hasta cierto punto.
-¿Por qué lo decís?
-Porque vivir en otro mundo te hace olvidar del real. La realidad es más difícil. No todo es perfecto.
-Sí, pero mientras pueda creo que preferiré vivir en el mío. El de afuera es muy cruel.
-Sí, pero esa crueldad nos hace más fuertes, ¿sabés?
-Siempre llego a la misma discusión con todo el mundo. Ya son las 7:30, José Hilario tiene frío. ¿Querés ir a mi casa?
-Listo. ¿Otro cigarro?
-Bueno.

En mi casa comimos huevos y tomamos café. Nos fumamos otro par de cigarrillos, mientras hablábamos en el balcón...
-¿Y qué vas a hacer ahora?
-Pues será irme a mi casa a descansar...
-Mmm... ¿Querés quedarte a dormir un rato?
-Suena bien... Bueno.
-Vamos a mi cuarto entonces.
-Dame un beso.
-Cogeme una nalga.
-Quitame la camisa.
-Quitame vos la falda.
-Arrancame el pelo.
-Oleme la piel.
-Respirame.
-Comeme.

Así transcurrió el resto de la mañana y parte la tarde. Pude conocer por dentro a ese magnético hombre que lo único que despertó en mí ese día fue un placer inimaginable.
Era sábado, así que podíamos no hacer nada y dormimos el resto del día. Nos levantamos hacia las cinco de la tarde, comimos pizza y tomamos vino.
-Estuvo bueno, ¿no?
-Estás bueno. ¿Querés pizza?
-Bueno, gracias.
-¿Y ahora que vas a hacer?
-Ahora sí me voy a mi casa. Necesito cambiarme para salir más tarde. Gracias por la comida. ¿Nos vemos otro día?
-De nada. Obvio, nos vemos otro día... Que te vaya bien.
-Vale, gracias. Chao.

Cerré la puerta. Y fue así como conocí a mi sensual, inteligente y muy ardiente novio.
  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

El recuerdo agridulce de mi Pía...




El día que conocí a Pía supe que mi vida iba a cambiar para siempre. Inmediatamente supe que esa mujer iba a ser inolvidable. La conocí en un bar. Esa noche yo estaba tocando con unos amigos algo de reggae, cuando la vi sentarse en todo el frente de la tarima. Me miraba a los ojos mientras se tomaba una cerveza. Me llamó mucho la atención; no dejaba de mirarme fijamente. Cuando terminamos de tocar, fue directamente hacia donde yo me encontraba. Pude ver al fin sus hermosos ojos negros, su boca roja, su largo y brillante pelo negro, su sonrisa blanca e impecable... Pequeña, morena, delicada y ruda a la vez... ¡Qué mujer tan hermosa!

Hablamos el resto de la noche, de todo y de nada... Y para cuando amaneció, me di cuenta de que estaba enamorado de ella.

Con esta mujer pude conocer la felicidad, el placer en las pequeñas cosas... Cada experiencia, por más insignificante que pareciera, resultaba un completo viaje de sensaciones. Ella y su perro José Hilario eran un caso completo. Algunas veces llegué a pensar que estaban medio locos, porque mantenían en el techo de su casa todo el tiempo. Pero todo eso me encantaba de ella. Ella lo era todo.

Nuestra relación fue perfecta siempre; sentía que era la mujer perfecta para mí, para mi felicidad. Sus palabras, sus expresiones, sus besos, su sexo... Hacer el amor con Pía era como sentir que el cielo se derrite encima tuyo cuando le subís la temperatura al Sol. Y todo ese cielo que se derrite te cae encima y te moja todo y te refresca hasta llegar al punto de extasiarte. Su esencia me llenaba por completo y me hacía el hombre más feliz de la Tierra... Mi “muñeca del rock”... ¡Cómo la extraño!

Algo me decía que las cosas no estaban tan bien como parecía. Sus constantes desapariciones, sus viajes inesperados, sus apariciones con uno que otro golpe, en un brazo, en una pierna, en el abdomen... Me preocupaba. Y no era que yo quisiera meterme en su vida ni nada de eso, porque todo fue muy claro desde el principio y ella siempre quiso ser libre; yo la dejé. El caso es que no comprendía por qué cambiaba tan drásticamente algunas veces. Se volvía una persona seria, nerviosa, callada, ansiosa; como si estuviera ocultándome algo. Lo único que podía hacer era consolarla y esperar a que me decidiera contarme. Nunca lo hizo.

Empecé a tener ciertas sospechas de que existía algún otro hombre en su vida, de que yo no era el único al que quería, y que además le pegaba. “Eso me pasa por dejarla ser tan libre”, pensaba yo todo el tiempo, lamentándome por ser tan ingenuo y tragarme sus palabras. Así pasaron unos cuantos meses, hasta que por fin lo entendí todo.

El día que conocí a Tomás se me vino el mundo encima. Jamás se me habría pasado por la cabeza lo que iba a enfrentar. Era lunes. Después de llamar a Pía unas quinientas veces, decidí ir a su apartamento, para ver cómo había llegado del viaje tras ir a visitar a sus papás a Juanchaco. Cuando llegué toqué la puerta varias veces pero nadie me abrió. Entonces pensé que aún no había llegado, así que cogí la llave que esconde detrás de un ladrillo flojo de la pared y entré para esperarla.

Lo que vi al entrar a su casa me dejó conmocionado: sillas y mesas caídas, tierra de las matas regada por todas partes, papeles rotos, vidrios... Desconcertado, entré a su cuarto y encontré a una Pía derribada, estrujada en la cama. Respiraba con dificultad, sin aliento, tenía rasguños por todas partes y el pelo enmarañado. Me percate de que no tuviera ninguna herida mayor. Abrió los ojos. Apenas me vio me agarró con fuerza y empezó a llorar frenéticamente. Lo poco que podía entenderle era que la ayudara, que no la dejara sola con él, que tenía mucho miedo de que volviera. Yo no hacía más que preguntarle que de quién me estaba hablando, que si la había robado, que quién había entrado... Entonces se olvidó de mi existencia, dio un salto y empezó a gritar y a retorcerse como loca.

Podía escuchar que le gritaba a un tal Tomás. Que la dejara en paz, que se largara de su vida, que se muriera. Todo lo hacía sola, hasta que se desmayó. Y ese fue el dichoso día que vino a aparecer Tomás.

Pasaron un par de meses, y podía ver en ella el deterioro de la enfermedad. No podía ni coger su cámara de lo débil que estaba. Estaba muy deprimida. Pero yo debía regresar al trabajo. Aún no entiendo por qué carajos decidí irme y dejarla sola. Como si José Hilario fuera a cuidarla por mí.

Esa noche quería invitarla a salir, a comer y tomar algo, y luego a caminar por la playa, mientras le cantaba canciones al oído. Me moría por llegar para sacarla, pues no habíamos hablado en todo el día, a excepción de una llamada que hizo en la mañana para decirme que me amaba.

Jamás podré perdonarme por haberla dejado sola el día que Tomás la mató. Porque de haber estado ahí, lo habría impedido y aun la tendría conmigo. Lo único que tengo de ella ahora es su recuerdo, sus fotos y su perro. En José Hilario encuentro toda esa depresión, esa alegría, esa melancolía de la vida, esa locura, esa emoción por las cosas pequeñas pero trascendentales... Ese amor por la vida tal y como era para ella, ni buena ni mala, sólo vida. Tendré que recrear esa esencia cada día de mi vida, hasta que me muera, con lo que me queda de ella...

... Y así todo el mundo sabrá que existió una mujer llamada Pía, una hija Pía, una hermana Pía, una novia Pía, que con su mirada profunda y sonrisa blanca hizo de su existencia un recuerdo agridulce para todos los que la conocimos.
  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Yo, Tomás

Soy Tomás. Soy el novio de Pía. Llevamos ya como dos años y medio. La verdad no estamos muy pendientes de esas cosas; más bien, de vez en cuando, nos da por celebrar que estamos juntos y ya. Me encanta Pía. Siempre me ha encantado, incluso antes de conocerla. La veía todo el tiempo llegar a su casa, subir, bajar, caminar de un lado a otro, beber algo, fumarse un cigarro, tomar una foto, cargar a su perro, comer, desvestirse, rascarse la cabeza, bañarse, dormir, escribir, vestirse, cantar, ver televisión... Aparecer y desaparecer constantemente.

Siempre trataba de chocar “ocasionalmente” con ella cuando tenía la oportunidad, para poder conocernos sin que me viera como un acosador. Por eso, esa noche en que la vi caminando sola por la playa, decidí acercármele, ofrecerle una cerveza y hablar. Conversamos durante horas. Era la persona que me imaginaba, la que había creado en mi mente. La amé de inmediato. Justo cuando salía el sol decidimos ir a su casa a desayunar. Hicimos el amor toda la mañana, hasta quedarnos dormidos. Ya en la tarde me fui, prometiéndole volver a verla.

Desde entonces somos inseparables. Hacer el amor con Pía es como sentirse perdido en un bosque oscuro y frondoso, sin saber qué es lo que te espera y de repente te iluminás por un claro en el que la luz te calienta hasta las entrañas. Sus ruiditos, palabritas, rasguñitos, griticos, mordisquitos... Todo lo suyo hace que me excite más y más. Creo que me he vuelto adicto a ella, a su sexo y a su locura.

La amo de una manera tan intensa que soy capaz de matar por ella. Es sólo mía. Quiero estar junto a ella todo el tiempo, visitarla en sus sueños, comerme su espíritu, su esencia. Siempre estoy presente, así ella no me vea. Mi mente está con ella a donde quiera que vaya. Los únicos momentos en que no sé de ella es cuando le da por subirse al techo de su casa con José Hilario (no sé a qué) está con Gerónimo. Aunque siempre me habla de él. Me cuenta de sus canciones, de sus aburridas charlas, de su aburrido sexo. Conmigo todo es mejor; yo lo sé. Gerónimo no puede darle nada de lo que yo le doy. Lo nuestro es intenso, ardiente, eterno... Todo es acción. Soy yo quien le da sentido a su vida, quien le ayuda a romper la rutina que tiene con ese tarado. Necesito ayudarla a dejarlo; necesito que se vaya de su vida, de nuestra vida.

Lo detesto. Siento que cada vez que se ve con él, llega distinta, rara. Empieza a decir cosas que no tienen el más mínimo sentido, como que todos deberían darse amor, y que en el mundo solo tenía que haber paz. Eso no va a pasar. La gente se odia y en el mundo siempre habrá guerra. Eso me preocupa muchísimo, que ella piense que todo está bien y que puede confiar en todo el mundo, mientras que en realidad no es así. Pero es muy terca; cree que todo es color rosa. Quiero cuidarla, a como dé lugar, así tenga que romper unas cuantas caras, y hacerle entender a ella misma, así sea a la fuerza, cómo son las cosas y que debo protegerla.

Me encanta hacerla reír; me encanta verla feliz, pero por mí, no por el imbécil de Gerónimo. Amo sus dientes grandes y blancos, sus labios rosados templados, sus ojos negos chiquitos de tanto reírse. Amo que ría hasta llorar; amo esas lágrimas felices, porque las tomo y absorbo felicidad; ella me da felicidad. 

No me gusta cuando le da por deprimirse; es como si el mundo se le cayera encima: se asusta, le dan nervios, llora, tiembla, no come, duerme mucho, fuma y bebe mucho... Deja de cantar, de escribir, de tomar fotos... Cambia por completo. En algunas de esas ocasiones me toca usar la fuerza para sacarla de allí. No soporto que se ponga así. Me vuelve loco. Además empieza José Hilario a llorar todo desquiciado, y eso me desespera más. Me toca callarlo. No me gusta pelear con ella, ni con el perro. Pero a veces es necesario.  Una vez le dio por cortarse el pelo y casi la mato, pero luego me di cuenta de que se veía hermosa... Quiero que ella siempre esté feliz, corriendo por todas partes, haciéndome el amor todo el tiempo. A veces pienso que está medio loca, y me dan ganas de partirle la cabeza para que entienda o sacarle el corazón para ver si aprende a no sentirse así... Pero, quién sabe, tal vez el loco sea yo.
  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS
Copyright 2009 Buscando un Opio...
Free WordPress Themes designed by EZwpthemes
Converted by Theme Craft
Powered by Blogger Templates