Adiós, Pía...
EXT-APARTAMENTO PÍA-TERRAZA-TARDE
Pía, 24, piel morena, de baja estatura, cabello corto y oscuro, facciones delicadas, ojos negros, labios rojos, dientes blancos, pantalón cargo café, blusa blanca holgada, gafas de sol moradas grandes, está recostada en una asoleadora de madera, en el techo de su casa, tipo terraza, lleno de plantas y ringletes, con algunas otras bancas para sentarse. Tiene un cigarrillo en una mano y una copa de vino en otra. José Hilario, perro raza basset hound, color café, blanco y negro, collar negro, la acompaña sentado a su lado.
Pía toma una bocanada de su cigarrillo, cierra los ojos, inhala y exhala el humo de manera pausada, relajada. Abre los ojos y voltea su cabeza para ver a José Hilario, le sonríe. José Hilario la mira con los ojos caídos y tristes.
Pasa una ráfaga de viento por entre las plantas, los ringletes empiezan a moverse con fuerza. Pía coge uno de los ringletes, de colores rosado, morado, anaranjado y verde, que está en un lugar apartado de los demás. Lo levanta y se queda mirándolo fijamente durante un rato.
Pía es interrumpida por un grito seco, que proviene del piso de abajo.
VOZ
¡¡Píaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
Pía se levanta en un salto, asustada, mira a todas partes y deja el ringlete en su lugar. José Hilario también se levanta y está atento a los movimientos de Pía.
INT-APARTAMENTO PÍA-SALA-TARDE
Tomás, 24, parece mayor de lo que es, piel morena, de mediana estatura, cabello corto y oscuro, barba, ojos negros, dientes blancos, pantalón negro, camisa azul, gafas de ver de marco cuadrado negro, está en la sala del apartamento de Pía, espacio mediano, blanco, con cuadros de fotografías en las paredes, un sillón y almohadones. Tomás llama a Pía a gritos, de manera insistente.
TOMÁS (Grita)
¿Dónde estás? ¡Bajá de allá pues!... ¡¡Que bajés!!
EXT-APARTAMENTO PÍA-TERRAZA-TARDE
Pía se pone más inquieta y mira con preocupación a todas partes, como buscando dónde esconderse.
PÍA (Grita)
¡¿Qué querés?!
VOZ TOMÁS (Grita)
¡Que bajés. Necesito hablar con vos!
PÍA (Grita)
¡¿A qué viniste? No me interesa hablar nada con vos!
VOZ TOMÁS (Grita)
¡Por favor, Pía, te lo pido; bajá...!
INT-APARTAMENTO PÍA-COCINA-TARDE
Pía baja sigilosamente por las escaleras de caracol en forja que van desde el techo hasta la cocina, amplia, tipo integral, en madera, alargada. José Hilario la sigue lentamente.
INT-APARTAMENTO PÍA-SALA-TARDE
Tomás está parado en medio de la sala del apartamento, con las manos en los bolsillos, mira hacia abajo, levanta la cabeza cuando aparece Pía.
PÍA (Con desdén)
¿Qué querés?
TOMÁS
Quiero hablar con vos, por favor. Quiero que me perdonés por lo que te hice.
PÍA (Con desdén)
¿Y pretendés que te perdone así como si nada?, ¿pretendés que te perdone después de que me dejaste como me dejaste y no volví a saber de vos durante tres meses?
TOMÁS
Ve, en serio, me estoy sintiendo muy mal; no te imaginás cómo me he matado la cabeza todo este tiempo, porque sé que la cagué, que perdí el control.
PÍA (Con desdén)
¿Y por eso no apareciste en todo este tiempo?
TOMÁS
Tenía muchas cosas en qué pensar, y creo que vos también...
PÍA
Sí. Tuve tiempo para pensar que sos la persona más egoísta del planeta y que por gente como vos es que se me quitan las ganas de vivir. Vos sos el culpable de todo lo que me está pasando.
TOMÁS (A modo de súplica)
No me digás eso por favor. Yo a vos te amo, y me rehúso a dejarte ir. Vos sólo me podes amar a mí, Pía, a mí. Yo sé que vos también me amás, yo lo sé.
PÍA
No, Tomás. Yo ya no te amo. Cuando te amaba, la cagaste. Vos lo único que hiciste fue pensar en vos, en que yo estuviera ahí para vos siempre, sin importar yo qué quisiera. Y hasta lo acepté, pero lo que sí no te voy a perdonar nunca es que hayas querido matarme.
Tomás empieza a desesperarse, se agarra la cabeza con fuerza y se muestra ansioso.
TOMÁS
¡Pero si las cosas no son así! ¿Por qué no podés enteder que vos tenes que estar conmigo y sólo conmigo, ah?
PÍA
No, Tomás. Yo no voy a estar con vos ni ahora ni nunca. Ahora sólo está Gerónimo; él ha estado ahí para demostrarme que es a él a quien debí amar siempre, y lo ha hecho sin preguntarme nada y sin juzgarme en ningún momento. Él no es como vos.
TOMÁS
¡A mí no me comparés con ese imbecíl; yo soy mil veces mejor que él!
PÍA
¡Pues sí! Para que veas que él me da más de lo que vos me has dado en todo este tiempo.
Tomás entra en un estado de histeria y se torna violento.
TOMÁS
¡¡VOS TE CALLÁS!! ¡¡A MÍ NO ME VENÍS CON ESAS, ¿OISTE?!!
Tomás se abalanza sobre Pía, con los ojos desorbitados y cara de loco. Pía intenta defenderse, pero Tomás es más fuerte que ella y la acorrala en un rincón de la sala. José Hilario aulla con desesperación.
PÍA (Entre gritos y quejas por los golpes)
¡¿Si ves? No has cambiado en nada! ¡Todavía sos un maldito cobarde que no es capaz de aceptar que ha perdido! ¡¡SOS UNA PERDEDOR, UNA ESCORIA!!
TOMÁS (Mientras golpea con fuerza a Pía)
¡CALLATE ZORRA! ¡No merecés ni siquiera que yo esté sintiendo esto por vos; mirá como sufro por vos, y lo único que hacés es irte con ese desgraciado! ¡¡SI NO VAS A ESTAR CONMIGO NO VAS A ESTAR CON NADIE!!
Tomás golpea con más fuerza a Pía, la maldice y lastima. Pía llora, grita desesperada, trata de defenderse. José Hilario aulla con fuerza.
TOMÁS (Frenético)
¡¡MORITE, PERRA, MORITE!!
¡TRAGATE TODAS TUS PALABRAS!
¡YO SOY EL ÚNICO!
¡¡MORITE!!
Tomás continúa golpeando con frensí, hasta hacerla sangrar. Pía se queda sin fuerzas para luchar contra Tomás, queda inerte. Tomás para, mira a Pía fijamente, su respiración se acelera, sus pupilas se dilatan, espera sentado a que Pía despierte. Pía no despierta, yace interte en el suelo. José Hilario aulla desesperado, trata de mover a Pía. Tomás desaparece.
Pía, 24, piel morena, de baja estatura, cabello corto y oscuro, facciones delicadas, ojos negros, labios rojos, dientes blancos, pantalón cargo café, blusa blanca holgada, gafas de sol moradas grandes, está recostada en una asoleadora de madera, en el techo de su casa, tipo terraza, lleno de plantas y ringletes, con algunas otras bancas para sentarse. Tiene un cigarrillo en una mano y una copa de vino en otra. José Hilario, perro raza basset hound, color café, blanco y negro, collar negro, la acompaña sentado a su lado.
Pía toma una bocanada de su cigarrillo, cierra los ojos, inhala y exhala el humo de manera pausada, relajada. Abre los ojos y voltea su cabeza para ver a José Hilario, le sonríe. José Hilario la mira con los ojos caídos y tristes.
Pasa una ráfaga de viento por entre las plantas, los ringletes empiezan a moverse con fuerza. Pía coge uno de los ringletes, de colores rosado, morado, anaranjado y verde, que está en un lugar apartado de los demás. Lo levanta y se queda mirándolo fijamente durante un rato.
Pía es interrumpida por un grito seco, que proviene del piso de abajo.
VOZ
¡¡Píaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
Pía se levanta en un salto, asustada, mira a todas partes y deja el ringlete en su lugar. José Hilario también se levanta y está atento a los movimientos de Pía.
INT-APARTAMENTO PÍA-SALA-TARDE
Tomás, 24, parece mayor de lo que es, piel morena, de mediana estatura, cabello corto y oscuro, barba, ojos negros, dientes blancos, pantalón negro, camisa azul, gafas de ver de marco cuadrado negro, está en la sala del apartamento de Pía, espacio mediano, blanco, con cuadros de fotografías en las paredes, un sillón y almohadones. Tomás llama a Pía a gritos, de manera insistente.
TOMÁS (Grita)
¿Dónde estás? ¡Bajá de allá pues!... ¡¡Que bajés!!
EXT-APARTAMENTO PÍA-TERRAZA-TARDE
Pía se pone más inquieta y mira con preocupación a todas partes, como buscando dónde esconderse.
PÍA (Grita)
¡¿Qué querés?!
VOZ TOMÁS (Grita)
¡Que bajés. Necesito hablar con vos!
PÍA (Grita)
¡¿A qué viniste? No me interesa hablar nada con vos!
VOZ TOMÁS (Grita)
¡Por favor, Pía, te lo pido; bajá...!
INT-APARTAMENTO PÍA-COCINA-TARDE
Pía baja sigilosamente por las escaleras de caracol en forja que van desde el techo hasta la cocina, amplia, tipo integral, en madera, alargada. José Hilario la sigue lentamente.
INT-APARTAMENTO PÍA-SALA-TARDE
Tomás está parado en medio de la sala del apartamento, con las manos en los bolsillos, mira hacia abajo, levanta la cabeza cuando aparece Pía.
PÍA (Con desdén)
¿Qué querés?
TOMÁS
Quiero hablar con vos, por favor. Quiero que me perdonés por lo que te hice.
PÍA (Con desdén)
¿Y pretendés que te perdone así como si nada?, ¿pretendés que te perdone después de que me dejaste como me dejaste y no volví a saber de vos durante tres meses?
TOMÁS
Ve, en serio, me estoy sintiendo muy mal; no te imaginás cómo me he matado la cabeza todo este tiempo, porque sé que la cagué, que perdí el control.
PÍA (Con desdén)
¿Y por eso no apareciste en todo este tiempo?
TOMÁS
Tenía muchas cosas en qué pensar, y creo que vos también...
PÍA
Sí. Tuve tiempo para pensar que sos la persona más egoísta del planeta y que por gente como vos es que se me quitan las ganas de vivir. Vos sos el culpable de todo lo que me está pasando.
TOMÁS (A modo de súplica)
No me digás eso por favor. Yo a vos te amo, y me rehúso a dejarte ir. Vos sólo me podes amar a mí, Pía, a mí. Yo sé que vos también me amás, yo lo sé.
PÍA
No, Tomás. Yo ya no te amo. Cuando te amaba, la cagaste. Vos lo único que hiciste fue pensar en vos, en que yo estuviera ahí para vos siempre, sin importar yo qué quisiera. Y hasta lo acepté, pero lo que sí no te voy a perdonar nunca es que hayas querido matarme.
Tomás empieza a desesperarse, se agarra la cabeza con fuerza y se muestra ansioso.
TOMÁS
¡Pero si las cosas no son así! ¿Por qué no podés enteder que vos tenes que estar conmigo y sólo conmigo, ah?
PÍA
No, Tomás. Yo no voy a estar con vos ni ahora ni nunca. Ahora sólo está Gerónimo; él ha estado ahí para demostrarme que es a él a quien debí amar siempre, y lo ha hecho sin preguntarme nada y sin juzgarme en ningún momento. Él no es como vos.
TOMÁS
¡A mí no me comparés con ese imbecíl; yo soy mil veces mejor que él!
PÍA
¡Pues sí! Para que veas que él me da más de lo que vos me has dado en todo este tiempo.
Tomás entra en un estado de histeria y se torna violento.
TOMÁS
¡¡VOS TE CALLÁS!! ¡¡A MÍ NO ME VENÍS CON ESAS, ¿OISTE?!!
Tomás se abalanza sobre Pía, con los ojos desorbitados y cara de loco. Pía intenta defenderse, pero Tomás es más fuerte que ella y la acorrala en un rincón de la sala. José Hilario aulla con desesperación.
PÍA (Entre gritos y quejas por los golpes)
¡¿Si ves? No has cambiado en nada! ¡Todavía sos un maldito cobarde que no es capaz de aceptar que ha perdido! ¡¡SOS UNA PERDEDOR, UNA ESCORIA!!
TOMÁS (Mientras golpea con fuerza a Pía)
¡CALLATE ZORRA! ¡No merecés ni siquiera que yo esté sintiendo esto por vos; mirá como sufro por vos, y lo único que hacés es irte con ese desgraciado! ¡¡SI NO VAS A ESTAR CONMIGO NO VAS A ESTAR CON NADIE!!
Tomás golpea con más fuerza a Pía, la maldice y lastima. Pía llora, grita desesperada, trata de defenderse. José Hilario aulla con fuerza.
TOMÁS (Frenético)
¡¡MORITE, PERRA, MORITE!!
¡TRAGATE TODAS TUS PALABRAS!
¡YO SOY EL ÚNICO!
¡¡MORITE!!
Tomás continúa golpeando con frensí, hasta hacerla sangrar. Pía se queda sin fuerzas para luchar contra Tomás, queda inerte. Tomás para, mira a Pía fijamente, su respiración se acelera, sus pupilas se dilatan, espera sentado a que Pía despierte. Pía no despierta, yace interte en el suelo. José Hilario aulla desesperado, trata de mover a Pía. Tomás desaparece.
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