El Ringlete...

Desde la muerte de Camilo no encuentro nada para hacer. Visitarlo era lo único que hacía, incluso después de que me dieron de alta en la clínica. Los primeros días después del entierro iba a visitarlo una vez por día, pero su familia, al darse cuenta, me lo prohibió; quién sabe, de pronto piensan que estoy loca o algo así... Me pareció muy injusto, pero luego comprendí que era lo mejor para mí también; no ver su tumba me ayudaría a no imaginármelo ahí, acostado, pálido, morado, comido por los gusanos, convirtiéndose en nada… Pensarlo así me haría más daño. Era mejor tenerlo en mi mente como un niño vivo y feliz, y el ringlete que le regalé, y que después volvió a mis manos, era la mejor manera de hacerlo. Ahora está en mi lugar especial, el techo.

La verdad no sé cuánto tiempo ha pasado desde su muerte, pero creo que ha pasado lo suficiente como para acostumbrarme a la compañía de este nuevo “Camilo de Colores”, que me susurra secretos al oído cada vez que el viento sopla sobre sus aspas; que me dice que sea feliz, que vale la pena estar aquí... ¿Un ringlete que habla?... Cualquiera diría que efectivamente estoy loca, pero no es así. José Hilario también lo oye. Nos subimos al techo a hablar, a pensar, a beber, a fumar, a escuchar esas dulces palabras que se pierden en el viento.

Pero no hemos estado solos en esto. Debo admitir que todo ha sido más fácil gracias a Gerónimo; él ha demostrado ser mi luz en estos momentos; ha hecho hasta lo imposible por estar conmigo, por acompañarme... A veces salimos a caminar con José Hilario y mi Camilito de Colores, por la playa, por el viento; a ver si de pronto la sal o la arena pueden curarnos las heridas. Aunque no sé si puedan sanar; puede que los golpes sí, pero no el corazón. Tomás se encargó de desaparecer por completo, después de haber hecho lo que hizo. Sólo dejó una nota diciendo:

“Te lastimé. Ya no me necesitás. Tenés que huir de aquí. Andate con Gerónimo.
Tomás.”

La guardé celosamente, porque no quiero que Gero se dé cuenta de que Tomás existe. Le rompería el corazón. Él es muy bueno como para que yo le haga eso. Con Tomás era diferente, porque él es diferente; es más descomplicado, menos entregado, más dominante, y eso hace que él haya aceptado el hecho de que yo soy libre y que puedo estar con otras personas además de él, mientras mi amor sea suyo. El problema fue que de Gerónimo me enamoré como nunca, y él se enteró... Yo sé que me quiere, y por eso pasó lo que pasó. Creo que se dio cuenta del error que cometió y decidió huir. Cagada. Porque no pienso perder a Gerónimo por nada del mundo, así que jamás voy mostrarle esa carta ni contarle nada de nada. De hecho, me avergüenza admitir que mi novio me pegó, por eso les dije a todos que me había caído por las escaleras; y si me piden explicaciones a mi heridas, pues me hago la que no oigo y empiezo a jugar con mi ringlete mientras los ignoro.
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1 Response to "El Ringlete..."

  1. azulquitapenas says:
    31 de octubre de 2009 a las 12:17

    Juli, muy bien, me gusta mucho el tono que ha tomado la historia desde el momento en que entró Camilo en su vida, es muy dolorosa esta historia, pero yo creo que tú también sientes que ha ganado mucho con estos nuevos implantes. Te dejo un vínculo, la foto es mía entonces no tendrías ningún problema en usarla si quieres.
    http://valijasenlaentradadecasa.blogspot.com/

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